Thursday, January 24, 2008


LA CASA EN MINIATURA (cuento)

Fui a la tienda de casas en miniatura, a comprarle una a mi hija como regalo de navidad. La tienda era colorida, rojo y verde en las alfombras y en las paredes, y estaba llena de adornos de porcelana, unos cuantos Lladrós que me hicieron recuerdo a mamá, inveterada coleccionista. En una esquina, un par de leños chisporroteaban en una chimenea y le daban calidez al recinto. Un gato se acurrucaba sobre una vieja mecedora junto a la vitrina de la entrada. Había gente agolpada sobre las mesas, contemplando los diversos modelos en venta. Una casa estilo Tudor, un bungalow tropical, una moderna residencia a la Frank Lloyd Wright: era admirable la detallada minuciosidad y elegancia de los modelos. Al verlos, uno podía comprender algo de la locura que habían ocasionado en el país esa temporada de navidad. Todavía no justificaba a mi esposa, que se la había pasado llamándome al trabajo las últimas tres semanas y dejándome notas bajo la almohada, pero al menos la entendía un poco más.

Me acerqué a una casa muy parecida a la mía, con sus paredes de ladrillo visto y su amplio balcón. Vi el perfil de una mujer en una de las ventanas del piso superior. Agucé la vista: la mujer tenía la corta cabellera castaña, mejillas huesudas y un collar de perlas en el cuello. Sentí un deseo inmenso de hablar con ella. Me descubrí tocando el timbre de la casa. Escuché los fastidiosos ladridos de un pekinés, luego los pasos presurosos de alguien que se acercaba a la puerta. Era un hombre robusto y de pelo canoso. Me preguntó qué quería. Le dije: me gustaría hablar con su hija. Me miró con desconfianza. Me hizo pasar al living, me ofreció asiento y desapareció. Me quedé mirando los cuadros: reproducciones de Duchamp y Warhol y de alguien que se había hecho famoso haciendo reproducciones de Duchamp y Warhol.

Pasaron las horas. La mujer de la ventana no venía. Mi esposa estaría preocupada por mí, y quizás habría llamado a la policía. O quizás no, y esto sólo era una trampa para deshacerse de mí. De pronto, sentí que alguien alzaba la casa y se dirigía con ella a la parte trasera de la tienda, donde la colocaba en un cajón lleno de papel periódico y bolas de plastoformo.

En la oscuridad, sentí que un perfume de mujer se acercaba hacia mí. Me pasé la mano por el pelo; necesitaba un espejo. Pensé en mi esposa. Me dije: ojalá hubiera cerca una iglesia en miniatura, para ir a confesarme como siempre lo hacía, desde mi matrimonio doce años atrás, después de cada cruel y memorable infidelidad.

4 Comments:

At 1:33 PM , Blogger last citizen said...

genial! tiene un no se qué de los episodios de the twilight zone, de los mejores, en blanco y negro, escrito por serling. notable.

 
At 2:02 AM , Blogger PATRICIA VENTI said...

Hola, genial. Me gusta mucho. Te paso el link de un video-chorra, un juego, para que te sonrias. Besos-

 
At 2:03 AM , Blogger PATRICIA VENTI said...

...Sigamos jugando
http://es.youtube.com/watch?v=pN2u7E1llio

 
At 3:03 PM , Blogger Juan Mendizabal said...

Dejo este mensaje por si estan interesados en el intercambio de enlace de texto en forma reciproca

http://intercambiodeenlace.firstposition.info/

 

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