Tuesday, March 11, 2008


LIBROS DECAPITADOS

En uno de los mejores fragmentos de Nocilla Experience, la novela que Agustín Fernández Mallo acaba de publicar, el señor A se halla en un estudio montando una película cuando ocurre un accidente: la parte superior de los fotogramas que está viendo, como un tercio, se halla cortada. La experiencia le enseña algo al señor A: “Aquello ya no era cine sino literatura en estado puro. Entendió entonces que el libro, la lectura del futuro, no era el hipertexto en Internet ni otras derivaciones tecnológicas, sino eso, ver películas decapitadas”. 

Pienso en mis libros decapitados en la mesa de noche. La pila no deja de crecer: Nocilla Experience (estoy en la página 168), Las aventuras de Barbaverde (he leído las dos primeras aventuras de Aldo Sabor), Una tumba para Boris Davidovich (cuentos por aquí y por allá), Mundo maravilloso (lectura detenida en la página 110), La sinagoga de los iconoclastas (voy por la mitad, pero no me termina de entusiasmar), País que fue será (el libro de Gelmán es el más breve de todos, pero igual…), Baroni: Un viaje, El general y sus presidentes (un libro de historia sobre el alemán que condujo al ejército boliviano durante buena parte de la primera mitad del siglo veinte), Edén (no he leído nada de Rossi todavía), Gomorra (leo non fiction menos de lo que debería)…

Los libros no paran de llegar. Están los que uno quiere leer de verdad, los que lee para rellenar huecos, los que recomiendan los amigos, los que envían las editoriales, los que ocupan las portadas de los suplementos culturales, los que se compran porque parecieron interesantes en la librería… Y mejor no sigo con los libros que ahora tengo en PDF en mi MacBook Pro.

Me quejo, pero se trata de una compulsión: mañana la pila seguirá creciendo y no haré mucho para que disminuya (por cada libro que termine, entrarán otros tres a la pila). Ahí me espera, en el escritorio, el libro que compré hoy en la librería Machado: Balas de plata. Me han dicho que la novela de Elmer Mendoza está muy buena. 

3 Comments:

At 6:36 PM , Blogger ©Javier Miranda-Luque said...

Resulta absolutamente gráfico eso de "libros decapitados" donde nuestros ojos fungen cual guillotina.

Me apetece invitarte a leer MALDITA WEB, cibernovela que he colgado en la red:

http://malditaweb.blogspot.com

 
At 10:04 AM , Blogger Cecilia Alameda said...

Hola, amigo. Acabo de leer el artículo que escribes en Babelia hoy. Yo amo los libros, sostenerlos en la mano, ir de una página a otra, a veces subrayarlo (cuando el libro es mío, no prestado ni de biblioteca). Me encanta leer y me encanta escribir. Y aunque mi placer es ver mi nombre en la portada de un libro, he empezado a disfrutar de la escritura en un blog. No sé si hay mucha gente que lee lo que yo escribo, pero cuando sé que hay una persona, cuando alguien me hace un comentario, siento que se está cumpliendo mi afán: comunicarme, contar cosas en un oído que no veo.
A pesar de mi amor al libro-objeto, y a que yo no soy de la generación que nació con las nuevas tecnologías, sé que algún día disfrutaré de los ciberlibros que nos anuncian los augures de la técnica. Porque, a la postre, todo servirá para seguir degustando literatura.
Un saludo desde madrid

 
At 2:38 AM , Blogger Edmundo Paz Soldán said...

Vale, leeré la cibernovela. Cecilia, muy interesante tu blog. Yo también soy de los que no entiende el mundo sin el objeto-libro (me gusta olerlos, tocarlos), pero sé que, si el objeto no sobreviviré, igual seguiré disfrutando de la literatura, sea el formato que sea.

 

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