Sunday, March 18, 2007


LOS CUADERNOS DE TENNESSEE WILLIAMS

En Pálido fuego, Nabokov inventa a Charles Kinbote, un crítico literario que se dedica a comentar de manera obsesiva un poema de 999 líneas. Las notas de Kinbote terminan por abrumar al poema y se convierten en la novela que estamos leyendo. Los juegos intertextuales y posmodernos de Nabokov han tenido muchos seguidores, pero está claro que no es necesario leerlo para inspirarse y hacer algo similar; es suficiente ver algunos de los excesos del mundo académico anglosajón, el privilegiado lugar que inspiró a Nabokov a parodiarlo en Pálido fuego. Por ejemplo, la edición anotada de los Notebooks de Tennessee Williams, que acaba de publicar Yale University Press.
La académica Margaret Bradham Thornton ha prologado este volumen y es responsable de las más de mil notas a los cuadernos de Williams. Williams, nacido en 1911, llevó un diario desde 1936 a 1981, dos años antes de su muerte. Lo que ha hecho Margaret Thornton es dedicar varios años a revisar con escrupuloso detalle los cuadernos de Williams y cotejarlos con la vida real. Así, por ejemplo, si el 18 de julio de 1949 Williams dice haber cenado en el restaurante romano Palsetos, una nota nos indicará que el dramaturgo estaba equivocado: el restaurante en realidad se llamaba Passato. Si el 19 de octubre de 1941 Williams paseó en bicicleta con su amigo Herbert Duclos, Thornton nos informará que Williams utilizará luego este apellido en la obra teatral Thank You, Kind Spirit. Sobra decir que algunas notas tienen valor pues ayudan a contextualizar la vida y obra del dramaturgo norteamericano más importante del siglo XX, pero que buena parte de ellas son sólo de interés para gente como Margaret Thornton.
En los Cuadernos de Williams el lector no encontrará muchos detalles agudos con respecto a la literatura de su autor, análisis de estructura dramática o estrategias narrativas. Son, sin embargo, muy importantes para entender la fuente compleja de la que emanaron obras como Cat on a Hot Tin Roof. Williams, hijo de un pastor sureño, entendía los diarios como un espacio de confesión donde podía revelar todas sus debilidades, miedos, ansiedades. Así, nos enteramos de la “náusea espiritual” que sintió con sus primeras experiencias homosexuales a finales de la década del treinta; como dice Edmund White en el New York Times, el diario de Williams muestra cómo “la opresión del pasado quebró a los oprimidos”, cómo ser gay se vivía con un enorme sentimiento de culpa, como una condena.
En todo caso, a mediados de los cuarenta esa culpa, esa condena están asumidas. En los años cuarenta, Williams se dedicará al sexo de manera “promiscua”: “No parece hacerme daño físicamente. No viola mi corazón, de verdad que no, porque el sexo es tan sólo como hacer ejercicio dentro de la casa. Y si no me divierto así, ¿cómo podría liberar mis energías? Las cosas que me excitan son el sexo y la creación”.
A través de los Cuadernos sabemos que el “demonio azul” es el nombre que le da Williams a sus neurosis, aquellas que lo paralizan con miedos y ansiedades y le impiden trabajar. También nos enteramos que tomaba pastillas para dormir desde muy joven, al igual que alcohol y otras drogas, y que estaba obsesionado con su hermana Rosa, diagnosticada a los dieciocho años con esquizofrenia. También sabemos que su descubrimiento, a mediados de la década del treinta, de Rimbaud, Rilke y Hart Crane, fue el que lo liberó del teatro convencional de su época para llevarlo a sus grandes creaciones.
Lo que impresiona es que a pesar de tantas neurosis Williams haya sido capaz de crear sus grandes obras. “Es un error asumir que el pánico no se puede tolerar y es la única cosa que no podemos enfrentar,” escribió en 1947. “El pánico es tolerable porque debe ser tolerado”. Ésa es, acaso, la lección del maestro en estos Cuadernos.

1 Comments:

At 12:09 PM , Blogger Óscar said...

Pero qué obsesión de esta mujer, y sus lectores, en separar realidad y ficción, eso sin mencionar la adicción de algunos a la privacidad ajena. Por cierto, ya tengo en la lista de libros a conseguir la recopilación mencionada de la Thornton.

Construcción desde el punto de vista estadístico: “El pánico no es intolerable porque debe ser tolerado”. Saludos.

 

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