Saturday, November 12, 2005


LA LINTERNA DE PIGLIA

Leí El último lector , el nuevo libro de Ricardo Piglia, como debe leerse, de un tirón, un martes por la tarde, en un tren que iba de Lérida a Barcelona. Había otros escritores en el tren (volvíamos de un congreso). Alberto Fuguet leía a Javier Cercas (I’m hooked, me dijo), La velocidad de la luz, una novela sobre la aventura que significa escribir novelas; Juan Villoro, junto a la ventana, también leía El último lector (cuando lo fui a saludar, descubrí que mientras yo estaba en la página 94, él ya había llegado a la 115).
El proyecto literario de Piglia consiste en hacer crítica desde la ficción, y en darle un fluir narrativo a su discurso crítico. Esa fluidez con que el escritor argentino trabaja los géneros ha producido resultados sorprendentes: algunas de las mejores páginas de reflexión crítica sobre la relación entre Borges y Arlt en el sistema de la literatura argentina se encuentran en una novela, Respiración artificial; El último lector (Anagrama) es un ensayo, y a la vez una de las narraciones más apasionantes que se pueden encontrar hoy en las librerías.
Piglia lee como leía el gran crítico Eric Auerbach: haciendo que un detalle –la cicatriz de Ulises, digamos— revele todo un período cultural. El título de uno los ensayos de El último lector nos remite a esto: “La linterna de Anna Karenina”. La luz de la linterna se puede tomar como el símbolo del trabajo del crítico: ilumina la oscuridad del texto, encuentra su sentido. Piglia, en esto, es un lector tradicional: no se cree todo ese discurso posmo acerca de que los textos son indecibles, están cargados de contradicciones que hacen imposible descubrir su sentido, si es que lo tienen.
Piglia lee “las representaciones imaginarias del arte de leer en la ficción”. Aparecen en su texto diversos autores clásicos –desde Kafka a Borges, pasando por Philip Dick— y textos canónicos en los que los personajes centrales aparecen leyendo: Don Quijote, Madame Bovary, Anna Karenina. Preguntarse por el lector, sugiere Piglia, es preguntarse por la literatura. Si se lee el tan antologado cuento de Cortázar, “Continuidad de los parques”, es para mostrar cómo este texto sugiere algo muy diferente a lo que sugería Madame Bovary: “no se trata de leer en un libro una vida posible que se pretende alcanzar, sino de leer en un libro la propia historia, la letra del destino”. Aunque buena parte de los ensayos discurre por caminos ya conocidos –el detective de Poe como un nuevo tipo de lector; ya no un Don Quijote cuya frecuentación de los textos conduce a la locura, sino un hombre moderno, alguien que lee la sociedad para interpretarla usando la razón--, Piglia, en la elaboración de su genealogía de lectores, traza conexiones insospechadas y siempre novedosas entre los textos. De paso, en sus digresiones siempre se encuentran perlas: “la legendaria indecisión de Hamlet podría ser vista como un efecto de la incertidumbre de la interpretación, de las múltiples posibilidades de sentidos implícitas en el acto de leer”.
De todos los ensayos que componen el libro, el más audaz y original es “Un relato sobre Kafka”. En este tour de force de la reflexión crítica, Piglia lee las cartas de Kafka a Felice Bauer como la forma en que éste se afirma en su escritura; hasta ahí no hay nada nuevo. Lo interesante es ver la importancia que Piglia le da a la frase de una carta de Kafka a Felice, fechada el 12 de octubre de 1912, en la que recuerda un detalle de cuando la conoció: “Dijo usted en efecto que le gustaba copiar manuscritos, que, de hecho, en Berlín, copia usted manuscritos para no sé qué señor”. Kafka escribe a mano, en un período de transición en el que la máquina de escribir es todavía vista con desconfianza por muchos escritores. Kafka se fija en Felice “para siempre” cuando descubre que ella es una mecanógrafa, una copista. Piglia nos recuerda que las Obras Completas de Kafka constan de 3.500 páginas escritas a mano, llenas de anotaciones, y sólo 350 páginas “pasadas en limpio y enviadas al editor”. Kafka era muy consciente de lo que costaba “salir de la versión solitaria y nocturna hacia la versión final, ir del manuscrito al original y a la copia”.
Cuarenta años antes de Kafka, Nietzsche se jactaba de ser el primer filósofo que escribía a máquina. Algunos críticos incluso han sugerido que el estilo aforístico de Nietzsche comienza cuando él pasa de escribir a mano a hacerlo a máquina. En uno de sus aforismos parece referirse a esto: “Nuestras herramientas trabajan en nuestros pensamientos”. No es lo mismo escribir a mano que a máquina, Kafka lo sabía muy bien: él escribía a máquina en la oficina --relacionaba esa herramienta de trabajo con lo anónimo, lo despersonalizado— y escribia sus cartas, su diario y sus ficciones –es decir, su literatura— a mano. Por eso Kafka, sugiere Piglia, no ve en Felice a una esposa sino a una gran lectora, un ser dedicado a leer sus manuscritos y a pasarlos a máquina. Cuando la relación ya se ha enfriado, Kafka escribe en su diario el 24 de enero de 1915: “Tibia petición de que le permitiera llevar un manuscrito y copiarlo”.
Ricardo Piglia escribe: “En una novela alguien lee una novela: esas cosas le gustaban a Borges”. Piglia lee los textos en busca de lectores imaginarios y cuando escribe está siempre buscando escritores; esa tarde de martes Juan Villoro, Alberto Fuguet y yo, en el tren, leíamos libros en el que alguien leía a otros lectores o en el que alguien escribía en busca de escritores: esas cosas le gustan a Piglia, se me ocurrió pensar, pero no lo dije.

4 Comments:

At 10:30 AM , Blogger F. Ortega said...

Bueh
Piglia podría ser otro buen cultor
de Science No-Fiction
otra cozsa mas
te deje linkeado directo de mi blog
saludos

 
At 12:31 PM , Blogger Edmundo Paz Soldán said...

creo que aquí hay un tema
esta semana escribiré para la Tercera sobre el gran Mister Non fiction, Truman Capote
yo pronto te linkeo también
abrazo
edTV (como me llama alberto)

 
At 6:48 PM , Blogger Alvaro Bisama said...

edmundo: "el último lector" es un manual perfecto de cómo leer y desviar lecturas: es increíble el capítulo de kafka pero el del che es realmente espectacular. pura crítica literaria mezclada con teoría de la conspiración. eso. saludos.

a.

y pd: copiando a ortega, te linkeé

 
At 9:46 PM , Blogger Edmundo Paz Soldán said...

Vale, Alvaro. A mí el capítulo que más me impactó fue el de Kafka. El del Che no lo recuerdo tan bien, aunque sí es notable y convincente el esfuerzo para armar una teoría a partir de unas cuantas frases. Yo los linkearé apenas tenga un tiempo para sentarme con calma. Estoy leyendo Ygdrasil, voy por las 60 páginas, no entiendo mucho pero igual estoy enganchado. Eso.

 

Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]

<< Home