Wednesday, May 10, 2006

Lope de Vega

LIBROS PERDIDOS
La historia de la literatura está repleta de libros perdidos, manuscritos extraviados, novelas inconclusas. Las bibliotecas se queman, las computadoras son atacadas por virus malignos, los escritores se cansan o cambian de tema o mueren. Buena parte de lo que se escribe es efímero, pero aun lo sublime descansa sobre una estructura muy precaria. Max Brod pudo habernos dejado sin Kafka (y nosotros seguiríamos sin comprender el siglo XX).
Stuart Kelly ha recorrido minuciosamente esa historia de pérdidas y ha escrito un libro maravilloso, un prodigio de investigación académica y anécdota contundente: The Book of Lost Books: An Incomplete History of All the Great Books You’ll Never Read (Nueva York: Random House, 2006). Kelly, británico al fin, se concentra en la tradición anglosajona, pero no se limita a ella: aquí hacen su aparición Dante, Cervantes y otros. Una primera observación: no hay escritor clásico que no tenga uno o más libros perdidos. Algunos abusan de ello: de las dos mil obras teatrales de Lope de Vega nos quedan quinientas; Esquilo escribió más de ochenta, pero sólo han llegado siete hasta nosotros (Ptolomeo III adquirió de los griegos, para la Biblioteca de Alejandría, el único ejemplar existente de las Obras Completas de Esquilo; como estaba prohibida su transcripción, las Obras desaparecieron en el 640 a.c., cuando, bajo órdenes del Califa, Amrou ibn el-Ass decretó el incendio de la biblioteca).
Incluso esos escritores que parecen haberlo publicado todo tienen su libro perdido. Jane Austen, por ejemplo: murió relativamente joven, a los 42 años, con sus seis pulcras novelas ya publicadas. Luego los familiares se encargaron de publicar sus textos juveniles y otros textos menores. Pero Kelly nos recuerda que, a su muerte, Austen estaba escribiendo una novela llamada Sanditon, de la que sólo llegó a terminar los primeros doce capítulos. Esa novela se justifica por una frase que condensa a Austen y anticipa a Proust: “the Miss Beauforts were soon satisfied with ‘the circle in which they moved in Sanditon’ to use a proper phrase, for everybody must now ‘move in a circle’, --to the prevalence of which rotary motion, is perhaps to be attibuted the giddiness and false steps of many”.
Impresiona la lista de autores de la antigüedad clásica que no han sobrevivido, y no porque el tiempo haya hecho su antología con ellos, sino porque, simplemente, los manuscritos se perdieron. Casi todos los nueve libros de poemas de Safo están perdidos, y de Suetonio no tenemos su Vidas de putas famosas ni Los defectos físicos de la humanidad, pero ambos se encuentran entre los afortunados, pues algo de ellos ha sido preservado. En cambio, no queda nada de Xenocles (mencionado por Aristófanes), Accio (autor de una de las primeras tragedias en latín), Ennio (considerado el “padre de la poesía romana”), Magnes (un precursor de Walt Disney: fue el primero en hacer que los animales hablaran en sus obras), Eugammo (se atrevió a escribir la continuación de La Odisea) y Neofrón (introdujo la representación de la tortura en un escenario).
En algunos casos, quizás sea mejor que no quede nada: la leyenda suele ser más interesante que la realidad. Menandro fue un escritor de comedias alabado por Aristófanes, Julio César y Plutarco; cuando todos sus manuscritos desaparecieron, quedó su fama. A mediados del siglo XX, sin embargo, fueron descubiertos unos papiros que contenían su obra más renombrada, Dyskolos. Los críticos no podían salir de su asombro: era pésima. De Menandro no queda hoy ni los manuscritos ni la fama.
Las formas en que los libros desaparecen son variadas: manuscritos perdidos en maletines (los primeros textos de Hemingway), interrumpidos por la muerte del autor (El misterio de Edwin Drodd, de Dickens), nunca iniciados (La Spirale, novela de Flaubert que le asustaba comenzar porqe trataba de “la forma en que uno se vuelve loco”; la segunda parte de Los hermanos Karamazov, en la que el buen Aliosha dejaría el monasterio, se convertiría en un anarquista y asesinaría al Zar), quemados (la segunda parte de Las almas muertas, que Gogol echó al fuego gracias a una conversión religiosa que le hizo abjurar del “paganismo” de la literatura; las Memorias de Lord Byron), robados (El Parnaso de Camoes) extraviados en un archivo (se cree que Mesías, una novela de Bruno Schulz, se quedó a su muerte en los archivos de la KGB relacionados con la Gestapo). Hay poemas de los que apenas sobrevive una frase memorizada por un amigo (“The stone word came to me, and said Flesh gives you an hour’s life”, es la frase del beat Gregory Corso rescatada por Allen Ginsberg).
En algunos casos, no está claro si nos hallamos ante un libro perdido: por ejemplo, El viaje sentimental por Francia e Italia, de Laurence Sterne, conocido hoy simplemente como El viaje sentimental. Los que saben del título completo se sorprenderán al descubrir en el libro que el narrador, Parson Yorick, nunca llega a Italia. El manuscrito fue publicado el mismo año de la muerte de Sterne, con lo que se podría sugerir que se trata de un libro incompleto. Pero quienes han leído Tristram Shandy conocen el espíritu burlón de Sterne, por lo cual no se podría descartar que la inclusión de Italia en el título de un libro que no tiene nada que ver con Italia es una más de sus bromas.
Un libro perdido que quizás no lo es. La literatura: eso que queda. Hay que celebrarlo.

8 Comments:

At 4:00 PM , Blogger Luis Herrera said...

Primero, luego de mucho buscar (google, otros blogs, links y más links) llegué a este blog.

Segundo, recuerdo que alguna vez leí una crónica donde decía que estudiar en una universidad mediocre le había dado mucho tiempo para leer y escribir. Lo encontré genial. Lo absurdo es que lo leí aquí mismo y ahora vuelvo al mismo sitio, pero siendo ya otra persona.

Eso de los textos perdidos, los textos que no se escribieron etc. ¡Qué coincidencia! Justo ahora que en Chile Marcela Serrano se toma los medios pidiendo que los ladrones de su computador devuelvan en un cd que sea, la novela que estaba escribiendo y terminando ¿Lo sentiremos tanto como la ausencia o el paradero indeterminado de la segunda parte de La Poética de Aristóteles? En una de esas.
No hace mucho- siguiendo con el mismo tema- Ricardo Piglia estuvo en mi ciudad, Talca, y comentó la idea del último cuento de Borges (no estoy seguro si lo escribió o no), aquella idea del día en que un desconocido le ofrecía de regalo la memoria de Shakespeare (Quizás Piglia no lo dijo en la conferencia y aparezca en Formas Breves, no estoy seguro). El autor de Ficciones, fascinado, sabría qué pensó el dramaturgo inglés al momento de escribir uno de los monólogos más altos de la literatura: To be or not to be...

Otro libro, pero que se salvó del abandono, es Poemas & Antipoemas de Parra que siendo recién un manuscrito, se perdió en un restaurant. El salvador milagroso fue nada más y nada menos que Pablo Neruda, que un par de años después publicaría su libro más parriano: Estravagario.

En fin, notable vuestra pluma. Se admira.

Saludos, Luis Herrera

 
At 7:44 PM , Blogger Edmundo Paz Soldán said...

gracias por todos los datos y la muy buena onda, luis. ya descubrí tu blog :(
un abrazo

 
At 12:23 PM , Blogger PATRICIA said...

eSTIMADO eDMUNDO:

ESTOY LEYENDO SU NOVELA RIO FUGITIVO Y, FUERA DE QUE ES UNA NOVELA INTERESANTE, LE CUENTO QUE HAY UN EEROR GRAVISIMO EN UNA DE SUS PAGINAS. EL ERROR TIENE QUE VER CON LO SIGT:EN UNO DE LOS DIALOGOS QUE MANTIENE EL PROTAGONISTA EN EL COLEGIO DON BOSCO UNO DE LOS AMIGOS LO COMPARA CON EL PERIODISTA DE LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO, Y LUEGO SOSTIENE QUE ESE PERSONAJE ES GALILEO GALL. COMO SABEMOS GALL NO ERA EL PERIODISTA DE LA NOVELA. ESTE NI SIQUIERA TIENE NOMBRE. VARGAS LLOSA SOLO LO NOMBRA COMO EL PERIODISTA MIOPE.
GRACIAS

 
At 5:58 PM , Blogger Edmundo Paz Soldán said...

patricia, gracias por el dato. yo leí La guerra del fin del mundo el 81, escribí Río Fugitivo entre el 95 y el 97, esos datos, claro, son de memoria, y a veces uno se equivoca. Para eso, por suerte, están las reediciones :)

 
At 7:55 PM , Blogger Luis Herrera said...

Eso es caballerosidad... una vez le insinué lo mismo a un escritor chileno y casi me mata. Menos mal que sólo me humillo ante una pequeña audiencia.

Saludos

 
At 8:50 PM , Blogger Alvaro Bisama said...

hostias, no sabía esos datos, ni siquiera lo del manuscrito de la serrano: un ladrón como crítico literario encubierto. genial. te aporto un dato comiquero: la biblioteca de los libros nunca escritos que cuida lucien en The Sandman, hecha de textos apenas entrevistos pero jamá redactados. otro más: todos los libros (entre ellos la continuación de las aventura de arturo gordon pym) que escribía ese poe resucitado por vincent price en algún corto que vi y que aún no he podido chequear de nuevo. eso. hay más pero te los digo otro día. estoy finiquitando una novela. saludos from blade runner valpo.

a.

 
At 6:33 AM , Blogger Edmundo Paz Soldán said...

como siempre, álvaro, gracias por los datos y suerte con la novela...

 
At 7:29 AM , Blogger Miguel Rivera said...

Dos más para la colección: La viuda de Vallejo recordaba que a veces el le recitaba un poema suyo. Solo recordaba este verso: "ser un poeta hasta el punto de dejar de ser un poeta" (cito de memoria). Como ese verso no aparece en su obra conocida, sabemos que se trata de un poema perdido, como se hubieran perdido Poemas Humanos y Poemas en Prosa si, a su muerte, no hubiera sido encontrada la carpeta con poemas que nadie sabía que Vallejo había escrito.
El otro libro perido que quiero mencionar es el que, literalmente, se fumó Bajtin durante la segunda guerra mundial.

 

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